Manifest ZERO MACHO

HAY HOMBRES QUE DICEN
NO A LA PROSTITUCIÓN

sept. 2011
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¿La prostitución es un « derecho» para el hombre? ¿Una forma de “libertad” para las mujeres? ¿Una realidad inevitable dadas las « necesidades irreprimibles” masculinas?

¡NO! ¡Acabemos con esa propaganda!

Nosotros, los firmantes de este manifiesto, hombres de todas las edades, orígenes y condiciones, nos negamos a vivir nuestra sexualidad a través de relaciones mercantiles. Para nosotros, la sexualidad es ante todo una relación humana, vivida en la igualdad y el respeto del otro, de su libertad y de su deseo.
Os invitamos a actuar y a declarar públicamente

LA PROSTITUCIÓN: ¡NO LA ACEPTAMOS NI QUEREMOS QUE SE ACEPTE EN NUESTRO NOMBRE!

  • NO a ese mercado de miseria que empuja a las personas más vulnerables a alquilar su boca o su vagina
  • NO a la cultura machista que utiliza la sexualidad para dominar o envilecer.
  • NO a los burdeles, aunque estén homologados por el Estado, donde la mujeres sometidas y explotadas por proxenetas, están aparcadas al servicio de los hombres.

¡SI a la libertad sexual!
¡SI al deseo y al placer compartidos!

« Libre de prostituirse », se oye decir. Pero ¿quién « elige » tener cada día varios actos sexuales no deseados con desconocidos? ¿Quién es libre en la prostitución? ¿Quién elige? ¿Quién busca su placer sin preocuparse del otro? Sólo el que tiene el poder del dinero.

La libertad que reivindican las personas prostituidas es ilusoria puesto que está constreñida por los proxenetas, la droga y las violencias.
Cada año, el sistema prostituidor destruye millones de nuevas víctimas, mujeres y niñas sobre todo, a menudo entre los pobres.

Cualquier hombre puede afirmarse sin negar al otro
a y asumirse sin dominar.

En aplicación del principio de igualdad mujer-varón,
Pedimos a los poderes públicos que

  • Dejen de penalizar a las personas prostituidas; desarrollen acciones de prevención social, educativa y sanitaria así como alternativas a la prostitución a fin de que el derecho a no prostituirse se haga efectivo.
  • Repriman el proxenetismo y dejen de tolerar sus distintas modalidades (prostitución de calle, burdeles, salones de masajes, bares de azafatas, camionetas, call-girls, páginas de Internet, anuncios de prensa, etc.)
  • Instauren o refuercen desde la escuela una educación sexual y afectiva no sexista, basada en el respeto del otro/a, de su libertad, de sus elecciones y sus deseos.
  • Instituyan contra los « clientes-prostituidores » una sanción penal graduada, como en Suecia donde esta política ha demostrado su eficacia.
  • Dejen de llamar « clientes » a esos hombres que son, en realidad, prostituidores.

Pagar por acceder al sexo, al cuerpo, a la intimidad de una persona que no siente ningún deseo, no es un contrato, pues un contrato se funda sobre la libertad y la igualdad. Aquí, la libertad es ilusoria y la igualdad se pisotea.

¡Construyamos juntos un mundo
donde a nadie se le ocurra comprar el acceso
al cuerpo del otro y donde los placeres del sexo
no estén ligados ni al dinero ni a la violencia!

Ese mundo es posible y su construcción ha empezado ya.
En 1999, después de medio siglo de educación igualitaria en la escuela, Suecia ha sido el primer país que ha penalizado la compra de « servicios sexuales » por los prostituidores sin reprimir a las personas prostituidas. En 2009, Noruega e Islandia hicieron lo mismo. Algunas decenas de hombres fueron condenadas y el Estado ayuda a las personas prostituidas a encontrar otro porvenir.
Esta política es progresista:

  • las redes de prostitución se han desentendido de ese negocio que se hizo menos rentable (INFORME oficial sueco, 2010, http://www.sweden.gov.se/sb/d/13358/a/149231)
  • los niños aprenden que no se compra el cuerpo del otro/a.

Por el contrario, en Alemania y en los Países Bajos, donde los burdeles son legales, los chicos saben que las mujeres están a su disposición. ¿Cómo van a poder, pues, reconocer que las chicas son sus iguales? Para nosotros, el modelo escandinavo, emblema de humanidad y de democracia, representa la esperanza de un mundo sin prostitución.

¿Qué Europa vamos a construir?
¿En qué mundo queremos vivir?

Traducción: Pilar Aguilar